Seguro que recuerdas cómo en el colegio nos hablaban de la comunicación. Nos explicaban quienes eran el receptor y el emisor en una conversación.

Seguro que has realizado algún curso, has leído o has aprendido a través de tu experiencia, la importancia de comunicar adecuadamente con tu clientela para evitar malos entendidos y conseguir su fidelización.

Lo que a veces se nos olvida es que, al igual que cuidamos a nuestros clientes y nuestra comunicación con ellos, también hemos de cuidar la comunicación con las personas que trabajan a nuestro lado, dándole la misma importancia que a la anterior.

Si falla la comunicación dentro de nuestra empresa, está fallando uno de sus pilares básicos; la empatía (“ponerme en tus zapatos”), la escucha activa, el lenguaje positivo, conseguir que la información fluya, son fundamentales para mejorar las relaciones en el trabajo y conseguir que realicemos nuestras tareas con más seguridad y mejor estado de ánimo.

Todo esto cobra especial importancia cuando surgen desacuerdos, nuestros mensajes deben cumplir una serie de “normas” que permitan solucionarlos sin que se estanquen ni se engrandezcan.

Aquello que decimos ha de ser aplicable, algo que ambas partes puedan reconocer y realizar, ¿de qué sirve que me digas que hablo raro? seguro que me sienta mal y además no sabría qué cambiar para solucionarlo.

Ha de ser neutro, sin juzgar a la otra persona, no se trata de buscar culpables, sino soluciones. Me cuesta entender tu acento (pero me cuesta a mí, no recae en ti toda la responsabilidad)

Ha de ser objetivo hablamos de lo que ha sucedido y de cómo me ha hecho sentir a mí, sin entrar en la búsqueda de intenciones ocultas en los demás. Me cuesta entender tu forma de hablar y eso me impide realizar mi trabajo.

Expreso mis sentimientos de forma directa. Un lenguaje claro y positivo que permita a la otra persona entender perfectamente a qué me refiero. Me cuesta entender tus palabras por tu forma de vocalizar.

En la expresión de lo que, a mi entender, provoca el problema, hay que especificar la posible solución. No puedo cambiar a una persona, puedo pedirle que cambie un aspecto de su conducta. ¿Puedes hablar más despacio para que así vocalices más y yo pueda entenderte?

Por supuesto, lo que digo ha de ser algo que se pueda comprobar, intento cambiar algo que ambas partes hemos visto que sucede.

 

Si nuestra comunicación cumple estas normas, veremos cómo se vuelve mucho más fluida y efectiva, mejorando tanto el trabajo en sí como las relaciones con las personas que nos rodean.

 

Así es como trabajamos en nuestro Garaje de Ideas

Maria Jose Ortiz Maesso

Psicologa

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